lunes, 2 de enero de 2012

Hay que pisar la tierra, de Anaís Pérez Layed

Hay que pisar la tierra...

Desearía que existiera ese poder del que habla la “Nueva Era” y que articula optimistas teorías acerca de que todos somos creadores. Nos permite asomarnos a la ebullición de la poción de la marmita mágica, donde se mezcla la Física Quántica y el poder de nuestra todo poderosa y pluridimensional mente, dándonos esperanzas que optimizan y alivian depresiones postvacacionales. Después, sigue el halo positivo y nos regala un concepto exportado de ancestrales religiones: el karma, que se enraíza por razones obvias en la justificación de los estratos sociales en castas, razas y además justifica situaciones, porque si no existiera, algún sumo sacerdote, ingeniero de la paz social, debería de crearlo y por ello merecer algún Nóbel ya que contesta a la eterna pregunta: ¿por qué tanta injusticia y diferencias en el mundo? Y responde indolente: “porque tienen lo que en otra vida se buscaron” y así se nos llena de opio la conciencia.
Sí, sería estupendo poder creer todo eso y aprender a rentabilizar los dones con los que supuestamente hemos sido creados y dejar, de una vez, de infrautilizar ese 95 % de cerebro vago con el que no trabajamos, lo que según los neuroestudiosos tiene la culpa de nuestra gran ignorancia. Entonces podríamos dejar que fluyera nuestro deseo por el espacio y  se expandiera obrando maravillas en conjunción con los astros y las leyes del universo. Y así, dotados de una inteligencia superior, elevar la conciencia hasta suprimir ese ego que nos empuja a desear continuamente cosas para nosotros que, aunque lo tenemos todo, nunca parece bastante y como decía la canción de Silvio Rodríguez: “cuando se tiene el escudo luego se quieren los guantes”.
Podríamos quizás concentrarnos todos juntos, aunque hubiera que desnudarse como en una fotografía de Spencer Tunick para que emanara mejor el efluvio de nuestro poder interior, si con esto se pudiera erradicar el hambre, las guerras y el sufrimiento, no solo en Somalia, sino en todo el mundo, sin acosos a los gobiernos acorralados por esta crisis de estructura y coyuntura que nos devora.
Dejaríamos de vivir la dualidad del yin-yang, sano-enfermo, norte-sur, rico-pobre... que nos arroja siempre enfrente de la orilla del otro, del ajeno, como decía Lacan. Nos aspira como un agujero negro hacia un lugar diametralmente opuesto al dolor de la desdicha ajena, a un refugio privado que nos guarece de otros universos menos privilegiados.
Sí,  sería maravillosos todo eso, pero mientras aprendemos a despertar a la Kundalini... ¡Dejémonos de sueños y ocupémonos en lo posible de paliar el dolor del  universo de Somalia!

(Anaís Pérez Layed) 

El próximo 14 de enero, Uni-versos para Somalia se presentará en la Sala Clover de Madrid (Marroquina 38-40), a las 19:30. Nos vemos!

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