martes, 20 de diciembre de 2011

Somalia, por Rafael Narbona


Rafael Narbona, escritor y crítico literario de "El Mundo", publicó este texto sobre Somalia 
y las razones que han provocado su situación actual 
 
SOMALIA
 
Nos hemos acostumbrado al sufrimiento de los niños africanos, sin comprender que ... el hambre constituye un crimen contra la humanidad, una forma silenciosa de genocidio, que afecta principalmente a los países descolonizados en la segunda mitad del siglo XX. Francia, Reino Unido e Italia establecieron protectorados (colonias) en Somalia, que se mantuvieron hasta 1960, cuando se proclamó la independencia. La región controlada por los franceses se convirtió en la actual Yibuti. Desde su emancipación, Somalia sólo ha conocido guerras entre diferentes facciones, que se disputan el poder, ignorando las penurias de la población civil. A pesar del embargo sobre la venta de armas decretado por Naciones Unidas en 1992, los señores de la guerra siempre han dispuesto de abultados arsenales, comprados de forma encubierta a empresas europeas y norteamericanas. El conflicto permanece estancado. La situación en el sur del país es particularmente dramática, pues no existe ninguna clase de autoridad. La milicia integrista Al Shabab es la fuerza dominante y no tolera la presencia de agencias humanitarias. Naciones Unidas ha declarado que en la región (particularmente en Bakool y Lower Shabelle) el 30% de los niños están gravemente desnutridos. Se calcula que mueren de hambre al día seis mil personas, de las cuales el 60% son niños. La esperanza de vida en Somalia es de 46 años y la tasa de analfabetismo roza el 95%. A diferencia de Kenia y Etiopía, Somalia carece de medios para distribuir alimentos y transportar agua durante las crisis de sequía. Todos los recursos se reservan para la guerra. En 2006, las facciones enfrentadas se gastaron más de 90 millones de dólares en comprar armas, burlando el embargo de Naciones Unidas. Casi todas procedían de empresas norteamericanas, que recurrieron a intermediarios para ocultar su destino final.

(Rafael Narbona)

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